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Dime Cómo Hablas... y Te Diré Cómo Estás Siendo

15 sept 2022
2 min de lectura



El Psicólogo y terapeuta Claudio Naranjo decía que los cambios verdaderos debían ir de la mano de los procesos educativos y pedagógicos de las sociedades. Los cambios y el crecimiento humano deben darse desde los jardines de primera infancia, hasta la educación superior. No se trata de únicamente de transmisión de conocimientos, se trata llevar al ser humano a un contacto más saludable consigo mismo y con la vida que le rodea. ¿Por dónde debe iniciar el cambio? Le preguntaba yo a mi profesor de filosofía, quien citando a F. Nietzsche nos respondía que el ser humano sobrevivía, si cambiaba la forma de utilizar las palabras, la manera de comunicarse.


El problema generalizado del ser humano es que coarta su experiencia y la posibilidad de crecer, debido a su tendencia, aprendida, a conceptualizar.

Nuestro código actual nos divide mentalmente y nuestra experiencia perceptual, es decir, nuestra forma de ver la realidad, es en forma de polaridad. Tiene sentido. Nuestra tendencia a nombrar las cosas para buscar “la verdad” y comunicarnos mejor, nos ha hecho marcar una línea divisoria entre lo que “es” y lo que "no es". Al afirmar “yo soy”, inmediatamente se marca una frontera mental con todo aquello que no haga parte de ese “soy”.


El mundo occidental ha puesto su énfasis en la importancia de la palabra, las ideas, los conceptos como herramientas de supervivencia; se ha preocupado más por hablar acerca de las cosas, en vez de disfrutarlas y experimentarlas.


Mi invitación es a que generalicemos menos y seamos más descriptivos con nuestras vivencias. Priorizar el “cómo” al “qué” es el primer obstáculo a vencer. Preguntarse ¿Qué me pasa? es diferente a preguntarse ¿Cómo "estoy siendo" en esta situación? El lenguaje y la manera de utilizarlo incide en la forma como impacto en mi entorno.


Algunas pautas lingüísticas que pueden ayudarme en lo cotidiano a tener una comunicación más asertiva, más genuina conmigo mismo y con quienes me rodean:


  • Hablar en primera persona. Esto permite apropiarme de la experiencia y responsabilizarme de ella. (Yo pienso, yo siento, me estoy sintiendo, siento rabia, yo hago esto…).

  • Preguntar e ir directamente a la fuente antes de generalizar y/o interpretar. (Esto me permite aterrizar imaginarios).

  • Diferenciar el no puedo del no quiero en todo momento.

  • Contrastar las interpretaciones con la realidad (observar la mente a distancia sin identificarse)

  • Preguntarme en todo momento ¿Cómo estoy siendo? ¿Cómo estoy promoviendo o impidiendo que las cosas sucedan como están saliendo?

  • No Juzgar.


Lo anterior lo intentaremos poner en práctica a diario y de manera constante, buscando una atención continua sobre nosotros mismos y sobre nuestra relación con el medio. Esto nos permitirá tomar mejores decisiones disminuyendo nuestros niveles de ansiedad.



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