top of page

El peso de la mochila invisible: Cómo lidiar con la ansiedad cuando el futuro abruma

30 sept
3 min de lectura

Aún recuerdo mi propia adolescencia y, al ver a los chicos que llegan hoy a mi consulta, me doy cuenta de algo recurrente: es muy fácil pasar gran parte del día en un lugar que ni siquiera existe, el futuro. A veces, transitar esta etapa se siente como cargar una mochila invisible y pesadísima. Es despertarse y, antes de darse cuenta, tener la mente a mil por hora:


¿Qué voy a hacer cuando salga del colegio? ¿Qué van a pensar los demás de esto que dije? ¿Y si no logro entrar a esa universidad? ¿Y si fracaso?

Vivimos en una época donde pareciera que la cultura y las redes sociales nos exigen tener la vida resuelta a los 16 o 17 años. Como he mencionado antes, es como intentar manejar un carro sin tener la más mínima experiencia para hacerlo, aprendiendo a los tropezones y por ensayo y error.



El peso de la mochila invisible: Cómo lidiar con la ansiedad cuando el futuro abruma
El peso de la mochila invisible: Cómo lidiar con la ansiedad cuando el futuro abruma

En consulta veo constantemente a chicos y chicas agotados, lidiando con niveles altísimos de ansiedad y estrés. Y la realidad que he comprobado es que la ansiedad casi siempre es exceso de futuro. Es mi propia mente fabricando películas de terror sobre cosas que no han pasado y que, muy probablemente, nunca van a pasar. A esto le llamo perderme en "lo imaginario" (mis pensamientos, miedos y anticipaciones) y desconectarme de "lo obvio" (lo que realmente está pasando aquí y ahora).


Cuando paso demasiado tiempo en esa "pantalla mental" —pensando en el examen de mañana o en la expectativa que otros tienen sobre mí— me desconecto de mi cuerpo y de mi entorno. Dejo de percibir mis necesidades reales.


Aprender a lidiar con esto me ha tomado mi propio trabajo personal. He descubierto que no tengo que tener todas las respuestas hoy. Nadie las tiene. El ser humano no es estático, siempre me estoy actualizando, equivocando y descubriendo quién soy.

Cuando siento que la presión del entorno empieza a ganarme, o cuando acompaño a mis consultantes en este mismo proceso, la gran invitación es a practicar un ejercicio de "darse cuenta". Es un pequeño botón de pausa para volver al presente:


1. Hacer una pausa y respirar: Busco un lugar tranquilo y simplemente siento cómo el aire entra por mi nariz y sale por mi boca. No intento cambiar nada, solo lo observo por un minuto.


2. Escanear mi zona interna: Me pregunto: ¿Cómo me siento en este momento de la piel hacia adentro? Tal vez noto tensión en los hombros, un nudo en el estómago o la respiración agitada. Solo lo nombro, sin juzgarlo.


3. Conectar con mi zona externa: Abro los ojos y miro a mi alrededor. Nombro tres cosas que pueda ver, dos que pueda escuchar y una que pueda tocar. Esto me ayuda a aterrizar y confirmar: "estoy aquí, en este espacio, y en este preciso momento todo está bien".


4. Ponerle distancia a la película: Cuando ese pensamiento angustiante sobre el futuro regresa, lo miro a distancia sin identificarme con él. Lo etiqueto: “Esto es solo una fantasía del futuro”. Al ponerle nombre, le quito el poder y dejo de pelear con él.


Como decía Fritz Perls, y es una frase que me repito constantemente para mantener mis límites sanos:

"Yo no estoy en este mundo para cumplir las expectativas de los demás, estoy aquí para descubrirme a mi propio ritmo."

Falto de amor a mí mismo cuando en el intento de complacer al mundo, me traiciono. Si hoy logro respirar, estar presente y dar un pequeño paso en mi propio descubrimiento, ya es suficiente.

 
 
 

Comentarios


bottom of page