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Salud Mental & Pareja: Límites

4 nov 2022
4 min de lectura



En la entrada anterior comenzamos a hablar a fondo sobre la pareja y tocamos un tema fundamental que es LA COMUNICACIÓN. Este es el elemento base a trabajar en términos de prevención con el objetivo de tener una pareja flexible y adaptable a las circunstancias.


Hoy traemos otro aspecto en el que todas las parejas llegan a fortalecer en consulta independientemente de su motivo, los límites.


Pensémonos los límites como eso que nos diferencia a nosotros de los demás, del mundo que nos rodea y deben verse como una frontera psicológica que en el momento de un encuentro con otro debe ser flexible para poder dar y recibir.

  • Los límites se empiezan a construir desde el momento del nacimiento.

  • Estos se van instaurando a medida que el niño va creciendo y se va haciendo autónomo y comienza a comunicarse por si mismo.

  • La forma como hablamos determina nuestra capacidad de limitarnos y autorregularnos.

  • Hablar en términos de “yo soy” y todo el proceso de construcción de identidad, hace que el ser humano se conciba y vea el mundo en términos de dualidad.

  • “Yo soy” o “ser algo” implica inmediatamente que no se es.


En pareja podemos identificar tres momentos del proceso de encuentro y desencuentro de la pareja. El YO, el TU y el NOS.


  • Una pareja sana y autorregulada se mueve por estos tres momentos sin estancarse en ninguno. Es decir, la pareja siempre está en movimiento. ¿Cómo así? Cada pareja tiene un ritmo propio para moverse entre lo personal y lo compartido.

  • Estancarse en cualquiera de estos espacios genera enfermedad en la pareja. Estar en pareja y quedarse demasiado tiempo en el mundo propio no permite un compartir y un intercambio.

  • Es decir, esa frontera que divide al individuo con el resto del mundo es muy rígida, no es flexible, es decir, no entra ni sale nada. Los límites excesivamente rígidos dificultan percibir los límites del mundo y de las personas que me rodean.

  • Quedarnos indefinidamente en el nos es igualmente peligroso ya que se pierde la identidad y la individualidad, no se sabe dónde termina mi mundo ni dónde comienza el del otro, es como si las dos personas dejaran de ser individuos y se convirtieran en una persona diferente. Los límites en este caso particular son difusos, etéreos, no son claros. Igual de patológico que los límites excesivamente rígidos, es no tener límites.


¿Cómo prevenir y mantener límites claros y saludables?


1. El trabajo personal y la autoobservación son fundamentales. Cada individuo debe llegar a la relación con límites claros para si mismo. El grado de autoconocimiento de la persona es de vital importancia: ¿Cómo estoy en este momento? ¿Cómo me siento? ¿Cómo estoy siendo conmigo mismo y con los demás? ¿Qué deseo? ¿Qué necesito? ¿Qué quiero para mi y qué quieren los demás de mí? Todas estas cuestiones deben ser trabajadas y exploradas para que pueda haber un intercambio sano con alguien más.


2. Identificación e integración de polaridades a nivel personal. Como lo dijimos al inicio, tenemos un pensamiento dual que nace de la forma como hablamos. Por lo tanto, nuestros conflictos psicológicos internos se manifiestan en forma de polaridad. Es decir, siempre estamos en intercambio, mayor o menor entre lo que somos y lo que no somos. Gracias a nuestras experiencias y aprendizajes, siempre vamos incorporando nuevos patrones y vamos desechando los que ya no nos sirven. Es ahí cuando nuestras polaridades en cuestión se integran un poco o se polarizan más y lo importante aquí es tener claro cuando se den estos cambios y saber a dónde se han movido mis límites, o sea, quién soy en el momento y cómo estoy siendo.


3. Negociar y acordar en la relación de pareja. Así como los límites deben ser claros hacia adentro, deben ser claros hacia afuera para poder entrar en contacto con alguien más y la comunicación una vez mas es el piso que permite que estos límites puedan ser establecidos y perduren. ¿Cómo así? Una pareja que tiene mala comunicación claramente va a tener límites difusos y/o demasiado rígidos. Es aquí donde es de suma importancia tener el tiempo y el espacio para comunicar lo que quiero, lo que necesito, lo que no quiero y lo que no necesito. Este es el momento, a través de la comunicación en donde se tienen que definir cuáles son los espacios individuales y cuáles son los espacios compartidos de la convivencia. Y las partes tiene que estar de acuerdo. En el espacio compartido entonces hay una negociación. Los límites aquí no se pierden, pero deben volverse maleables con el objetivo de garantizar un intercambio.


Aunque la salud en los límites la determina nuestra capacidad de adaptarnos al medio y a las personas sin perder nuestra identidad, nunca es tarde para trabajar en ellos.

La recomendación aquí es estar atentos y muy observadores a nuestros momentos de soledad y nuestros momentos compartidos. ¿Cómo somos ahí? ¿Qué nos incomoda? ¿Qué evito en ambas situaciones?


El grado de autoobservación me permite diferenciar y apropiarme de lo que es mío y de lo que no es mío. Y es aquí donde me doy cuenta de lo que me tengo que hacer cargo y de lo que no, es decir tener límites claros y saludables me permitirán tomar decisiones responsables como individuo o como pareja.



Yo soy yo, tú eres tú.
Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas.
Tú no estás en este mundo para cumplir las mías.
Tú eres tú, yo soy yo.
Si en algún momento o en algún punto nos encontramos será maravilloso.
Si no, no hay nada que hacer.
Falto de amor a mi mismo cuando en el intento de complacerte me traiciono.
Falto de amor a ti cuando intento que seas como yo quiero en vez de aceptarte como realmente eres.
Tú eres tú y yo soy yo.

Fritz Perls






 
 
 

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