Empatía y Relaciones Humanas

Somos organismos en constante intercambio con nuestro entorno.
Nuestra atención y campo perceptual se ocupan en “eso que necesitamos para estar en balance".
Aquello que nos puede suplir nuestra necesidad, se convierte en nuestro entorno.
Ese “aquello” que necesitamos puede estar de piel para fuera o de piel para adentro.
Eso quiere decir que, en términos de autorregulación, una parte de nosotros puede ser nuestro entorno.
Si estoy en conflicto interno a causa de una polaridad, el entorno será la contraparte dependiendo de donde me ubique.
Si tengo un conflicto o una situación no resuelta que apremia con mi pareja, por ejemplo, esta será mi entorno.
El éxito del intercambio radica en la atención y en la claridad al identificar necesidades, las mías y las del entorno. Por ejemplo, si la pareja quiere tener un intercambio sano y enriquecedor, fortalecer el músculo de la empatía es de suma importancia.
La empatía es un ejercicio de dos vías, la empatía hacia mí mismo y la empatía hacia el mundo que me rodea.
Lo primero me lleva directamente a la aceptación de cómo soy, sin juzgarme; poniéndome en el lugar de esa parte de mí que no acepto.
Lo segundo, así como lo primero exige, que sea por un momento el otro, tratando de entender el mundo desde ese otro lado.
Estando ahí, es importante identificar necesidades, inconformidades y traducirlas en pedidos.
Obtenida esta información podremos intercambiar sanamente y suplir la necesidad del momento.
El fortalecimiento de la empatía requiere un momento de concentración y atención. Si la situación es un conflicto interno es importante identificar las partes en conflicto.
Ejemplo:. Digamos que yo Francisco, crecí en un hogar en donde “los hombres no podían llorar”, se estableció el introyecto: “los hombres no lloran”. Años después descubro que soy sensible, pero me cuesta trabajo expresar mis sentimientos. En otras palabras, el Francisco inseguro, insensible, machista, rechaza al sensible, temeroso y expresivo. Es aquí donde hay que experimentar “ser el uno y el otro” para que se dé una conversación, un acercamiento y tal vez, unos acuerdos.
Muchos de los pedidos en estos casos tienen que ver con el trato que se da entre un parte y la otra, generalmente, maltrato. Para este ejercicio, es importante una conversación en singular y en primera persona, en donde se dé la charla entre las partes, para que haya reclamos, pedidos, desahogos y/o manifestaciones de apoyo y cariño.
Es importante ocupar el espacio físico de la otra parte para meternos más seriamente en la experiencia. Esto es lo que se conoce como silla vacía en psicoterapia humanista.
Si el entorno es alguien distinto a mí, busco a través de la silla vacía, comunicarme con el otro, siendo repetidas veces la otra persona con el objetivo de expresar sentimientos, necesidades, comunicar pedidos y/o límites. Ocupar físicamente el puesto del otro es de suma importancia. Ser el otro con mi cuerpo, con todo mi ser.
Con ayuda de la respiración consciente, estando lo más presente que pueda, podré hacerme algunas preguntas mientras estoy en el lugar del otro:
¿Cómo me siento de este lado?
¿Cómo soy?
¿Cómo estoy siendo?
¿Qué siento hacia el que tengo al frente?
¿Qué necesito?
¿Necesito pedirle algo al que tengo en frente?
¿Me dan ganas de hacerle algo al que tengo en frente?
El objetivo final siempre será la integración de las polaridades internas y el encuentro con un otro de manera adaptada y flexible.




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