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La Empatía en la Crianza

30 nov 2022
4 min de lectura

En otras entradas hemos destacado la importancia de la empatía en el contacto humano y en las relaciones de pareja en particular. La empatía es el insumo esencial que nos permite relacionarnos de manera positiva y adaptarnos. La gran mayoría de consultantes, por no decir que todos, independientemente de su motivo de consulta, trabajan fuertemente en procesos empáticos. Es decir, la humanidad aún tiene mucho por trabajar en relación a esta competencia que hemos desarrollado o mejor aún, que estamos desarrollando.


Me atrevería a decir que los seres humanos tenemos el potencial de ser empáticos pero estamos en proceso.

En otras ocasiones me he referido al tema de la prevención en lo que se refiere a la salud mental con ejercicios prácticos y sencillos con el objetivo de que, ante la aparición de rasgos podamos hacer la prevención respectiva para evitar llegar a un trastorno mental.

Niños consolando y mostrando empatía entre ellos. Tres niños sentados en una banca, en el campo, un nillo llorando en la mitad y una niña y un niño a su lado tratando de consolarlo.
La Empatía en la Crianza como Prevención en Salud Mental

Es inevitable entonces relacionar este tema de la empatía con el de la crianza en el hogar, y con la educación en la primera infancia. Toda nuestra educación en la casa y en la escuela debería ser enfocada principalmente a desarrollar la empatía en los niños y en los jóvenes. Ese debería ser el piso de cualquier programa escolar y/o currículo independientemente de su contenido y enfoque. A veces me pregunto de dónde salen tantos rasgos narcisistas en nuestra sociedad hoy y en nuestra cultura, inmediatamente pienso en la crianza. La idea es que nos cuestionemos como padres: Cómo estamos siendo en esa crianza y cuáles son los espacios que promovemos para que se de la empatía.


¿Cómo es nuestro contacto humano en casa?


Aquí antes que nada es muy importante hacernos muchas preguntas acerca de nuestros roles en el hogar:

  • ¿Qué rol desempeño como padre y educador?

  • ¿Soy el padre solucionador?

  • ¿Soy el padre protector?

  • ¿Soy un padre presente?

  • ¿Expreso mis emociones y sentimientos?

  • ¿Expreso mis necesidades?

  • ¿Identifico las necesidades de los demás?

  • ¿Tengo espacios donde puedo hablar y mirar a los demás a los ojos, sin pantallas presentes?


¿Por qué hago todas estas preguntas? Porque creo que nuestra cultura hoy en día a través de los medios y redes sociales, le da mucha importancia a la imagen, a la excesiva individualidad, al consumo excesivo y las pantallas nos han llevado a tener un contacto frente al mundo un tanto egoísta.

En pocas palabras, estamos todos juntos y presentes, pero ni siquiera nos miramos.

Estamos en una época en la que estamos mirando demasiado hacia nosotros mismos y nos perdemos del mundo que nos rodea.


En la casa y en el colegio debemos enfocar nuestras relaciones hacia la comunicación directa, la expresión clara de sentimientos y/o necesidades y los valores como son la cooperación y el reconocimiento de las necesidades de los otros. Sin descartar la postura genética, creo firmemente que los rasgos narcisistas se cultivan en la crianza del niño.


Tratemos de ligar la crianza con las demandas sociales y culturales


Aún recuerdo cuando yo era niño, mi mamá me decía que yo tenía que ser un hombre de bien y de Dios, y todo su enfoque de educación y de crianza era basado en estos dos preceptos. Si le preguntamos a los padres de hoy cuál es la gran motivación para con la crianza de sus hijos, la gran mayoría responderá: que sean felices. Esa es la demanda cultural para con los papás de hoy; "somos buenos padres si logramos que nuestros hijos sean felices".


El problema no es el mandato social como tal sino nuestra interpretación y ejecución. Es muy común hoy en día ver padres con seria dificultad para poner límites a sus hijos, solucionando todo tipo de dificultad que se les presente, dándoles excesivo gusto y evitándoles cualquier tipo de frustración. Es aquí donde algunos padres (cuidadores y/o maestros) confunden felicidad con ausencia de frustración.


Qué debemos promover y qué debemos evitar en casa


  • Normas y límites claros en el hogar.

  • La atención en casa no gira en torno a un solo miembro, es compartida y dinámica.

  • Todos los miembros de la familia tienen necesidades y deberes.

  • Los deberes y obligaciones también son compartidos y dinámicos.

  • Reconocer que cada miembro de la familia tendrá proyectos individuales y proyectos familiares.

  • Las exigencias y demandas en el hogar deben establecerse de acuerdo a la capacidad y etapa de desarrollo del niño. No podemos exigirle a un niño algo para lo cual no está preparado, pero si no le exigimos al niño lo que sí puede hacer por si mismo, este crecerá aprendiendo que los demás deben resolver sus problemas y que están al servicio de él.

  • Espacios para que surja una comunicación directa y asertiva.

  • Expresión directa de sentimientos y necesidades.

  • Permitir que los niños asuman consecuencias por sus actos.

  • Mostrar la frustración como algo positivo y esencial en la búsqueda de la felicidad y la autorrealización. Sin la experiencia de la frustración no existiría la sensación de satisfacción o felicidad.

Nuestro deber como padres y educadores es poder permitir la "frustración" como algo positivo en el aprendizaje buscando que no aparezcan en el niño una autopercepción de superioridad de merecer y de disponer sin esfuerzo alguno. Los niños deben ser ellos mismos pero deben tener normas, límites y respeto por el entorno que les rodea.





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