El Niño Interior y la Relación de Pareja

Aunque la terapia en pareja implique un tiempo compartido y requiera la presencia de las dos personas para poder mirarse, reconocerse y decirse todo lo que haya que decir, los procesos terapéuticos en este camino requieren igualmente trabajo individual. Un aspecto sin duda importante a trabajar para mejorar la convivencia en pareja es la del “niño interior”. Este aspecto se puede trabajar en terapia en presencia de las dos personas, pero requiere un arduo trabajo individual. En ocasiones es mejor cuando se vaya a trabajar el niño interior, que venga la pareja por sesiones separadas. En este caso puntual la pareja de cada uno es uno mismo.
El niño interior es una parte de nosotros mismos que siempre ha estado allí y siempre estará.
La gran diferencia es cómo esta siendo ese niño interno y cómo estamos siendo con él. Es esta parte de nosotros mismos la que nos permite en condiciones saludables, disfrutar la vida, sorprendernos, curiosear, divertirnos, gozar con cosas sencillas, y también es la parte sensible y soñadora que nos permite ser muy creativos. Ese niño interior trae una historia y trae unas heridas que se manifiestan en nuestro presente.
Es de vital importancia atender en el aquí y el ahora y sanar a ese niño que alguna vez estuvo herido, pero sobre todo que aún sigue estándolo e interfiere con mi relación de pareja. El acto responsable es entonces, reconocer el niño que llevamos por dentro, identificarlo, visualizarlo y buscar la manera de sanar la herida en compañía con el terapeuta. La herida puede ser sanada en un dialogo directo con quien alguna vez fue la persona que hirió ese niño (padre, madre, cuidador, familiar etc. )
La herida entiéndase no necesariamente un abuso pero algo que deja al niño con resentimiento y dolor. Algo que recibe el niño sin necesitarlo, que por el contrario es interpretado como rechazo o desamor.
¿Cuáles pueden ser algunas de las heridas de un niño interior?
El papá que no tuvo tiempo nunca de jugar con el niño y el niño interpretó que su papá no lo quería.
Al papá se le olvidó el cumpleaños del niño una vez y el niño se sintió rechazado.
Una mamá que no es especialmente cariñosa con su hijo, aunque lo ame, su hijo puede interpretar que no es digno de ser querido.
La mamá llega del trabajo agotada por las exigencias laborales, llega con mal genio y el niño interpreta que es su culpa.
Tras la separación de sus padres uno de los padres se va de la casa y el niño puede percibirlo como abandono.
Un castigo físico severo, abuso infantil van a generar heridas en ese niño interno.
Esencialmente el niño es muy sensible. A pesar de ser feliz, el niño puede tener heridas, desde la herida más profunda hasta la más superficial.
Buscamos entonces que cada consultante por separado logre establecer una relación diferente con su niño interior, reconociéndole, consintiéndole, dándole apoyo, escucha cuando lo requiera y límites sanos. Si alguna vez nuestro niño fue herido y sigue estándolo, existe una alta probabilidad que en nuestros encuentros de pareja veamos a aquella persona que nos hirió o confundamos una experiencia dolorosa del pasado con la del presente y terminemos conflictuando con nuestra pareja pensando que es esta la que nos hiere cuando el dolor presente es un acumulado de situaciones inconclusas del pasado.
En pocas palabras las heridas del pasado no resueltas, vamos a tratar de solucionarlas en el presente con nuestra pareja teniendo una relación aparentemente actual pero que en realidad vive en el pasado, es decir, en un presente no actualizado.




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