El Darse Cuenta
Es muy común encontrarnos en lo cotidiano pensando acerca de nuestro trabajo, los líos por resolver, las proyecciones, todo lo que en mi vida requiere planeación; imaginando teniendo una reunión o un encuentro con alguien antes de que ocurra, anticipándome a los eventos o simplemente recordando lo ya vivido con si se pudiese cambiar el pasado.
Muchas veces hacemos uso de nuestra “conciencia” de una manera tan fugaz y automática, que pasamos por alto el uso tan potente que tiene nuestra capacidad humana de percibirnos y mirarnos en nuestra propia existencia “el ser conscientes”.
A veces utilizamos la palabra “conciencia” o la expresión “me di cuenta de…” “ahora soy consciente de lo que hice” y diferentes expresiones referentes a el ejercicio de mirarse, y la confundimos con el acto de “pensarse la vida y pensar que se está pensando”. El “darse cuenta” en este caso, va más lejos y no tiene nada que ver con el ejercicio de pensar. Tiene que ver con nuestra capacidad de percibirnos plenos, de la piel para adentro (observando la mente) en constante intercambio con el entorno y en el momento presente. Es la capacidad de percibirme en función del mundo que me rodea aquí y ahora.

Si tenemos en cuenta que un intercambio saludable con el entorno es lograr que haya un alineamiento entre la percepción de la necesidad, el pensamiento y la acción, es de vital importancia como seres humanos, fortalecer nuestra capacidad de mirarnos y ser conscientes, llevando nuestra conciencia a un nivel más profundo y sostenido, que nos ayudara a identificar nuestras necesidades reales, y a diferenciarlas de los deseos; me permitirá tomar decisiones acordes a mi necesidad, y mis acciones serán sanas y responsables.
¿Cómo ejercitar el darse cuenta?
La mejor forma de ejercitar algo y dominarlo es con la práctica. La propuesta del día de hoy es a “jugar con el darse cuenta”.
El primer ejercicio se llama “zona interna”.
Busco un lugar donde nadie me interrumpa, me quedo quieto e instauro ritmo de respiración cómoda.
Centro mi atención en el respirar y me “anclo” al presente.
Seguido de esto pongo mi atención en todo lo que sucede de piel hacia adentro, sensaciones corporales, sentimientos, emociones, movimientos.
A medida que voy identificando lo que percibo, lo voy nombrando.
Sostener la atención durante 5 minutos.
El segundo ejercicio se llama “zona externa”.
Establecemos respiración a un ritmo cómodo.
Centramos nuestra atención sobre nuestro respirar.
Establecida la respiración, centro mi atención a percibir lo que me llega del mundo exterior a través de mis sentidos. Lo que veo, tacto, olores, sabores.
Nombro lo que percibo y sostengo durante 5 minutos.
El tercer ejercicio se llama “zona intermedia o tierra de nadie”
Vamos a centrar nuestra atención en las “producciones audiovisuales” de nuestra mente, partiendo de la base de que estas, no son reales, no hacen parte del presente; no existen.
Vamos a imaginar que nuestra mente es una gran pantalla de cine y como tal, necesitamos verla a distancia para que no nos “moleste” su cercanía.
Miramos nuestra película interior a distancia para no identificarnos con ella.
A medida que observo voy poniéndole nombre (fantasía-pasado) o (fantasía–futuro). Nombro y sigo observando a distancia sin identificarme;
¡Ojo! Soy observador no participante de la película.
La invitación es a que nos movamos por esos tres momentos de nuestro “darnos cuenta” y que le pongamos una distancia prudente a nuestra zona intermedia. Estos tres pasos y su práctica son el primer gran paso para ejercitar la capacidad de observarme en el presente. Con el tiempo y practicando podre mirarme en todo momento, en movimiento, en plena acción y en situaciones reales.




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